Era una noche como cualquier otra… bueno, no, peor: vuelo nocturno de 12 horas en un Airbus A330, con pasajeros dormidos, luces tenues y ese olor misterioso a café recalentado mezclado con sopa instantánea.
Lucía, tripulante veterana, y Marcos, su compañero nuevo, estaban asignados al galley trasero. Todo tranquilo… hasta que la máquina…
